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POSICIONES FIXTURE  

 

DUENDES BICAMPEÓN

 

Una final es la última y decisiva competición en un campeonato. Ese es su significado. Ayer fue el tiempo de la definición del torneo Regional del Litoral. Los protagonistas: Jockey y Duendes. El escenario: las Cuatro Hectáreas del club de Fisherton. No había más.

Eran ochenta minutos donde era a todo o nada. Cada uno tenía la oportunidad de tirar sobre la cancha sus argumentos para aspirar al título. Y ahí estuvo la diferencia. Como en cada instancia decisiva. El verdinegro expuso un mejor libreto. Por eso consiguió un justificado triunfo ante el dueño de casa por 26 a 9. Por eso se quedó con la corona. Y la historia se repitió otra vez. Es que el elenco de Las Delicias consiguió su sexto título en 12 ediciones del certamen.

Fue una final con todas las letras. Porque saltaron a la cancha los mejores equipos del torneo, el juego estuvo a la altura de las circunstancias y el público acompañó, algo que venía siendo una cuenta pendiente.

Además, en la finales hay varios actores invisibles. No tenerlos en cuenta sería una suerte de picardía. Pesan la experiencia y el aplomo, entre otras cosas. Y la historia se entreteje entre las fibras musculares. Ahí había una contraposición importante. Porque el vencedor aparecía en escena con sus bolsillos colmados de éxitos, mientras que Jockey llegaba acarreando una sequía de consagraciones de 10 años. Y eso pesa, aunque no es tangible. Ayuda para inclinar la balanza para uno de los lados.

Con la experiencia llega la capacidad para disputar un duelo donde está en juego el título. Es un plus importante. Entonces a la hora de salir a jugar, las mochilas que cargan los protagonistas son de distinto peso y tamaño.

En líneas generales todos estos parámetros se vieron dentro del campo de juego. La diferencia entre uno y otro fue la capacidad e inteligencia para jugar el juego más conveniente. Primero, porque Duendes fue el dueño de la pelota durante la mayor cantidad del tiempo. Después, porque dominó territorialmente y defendió de una manera inapelable. Y finalmente, porque encontró los caminos para incursionar en el ingoal rival.

Fueron ochenta minutos donde los saldos fueron totalmente opuestos. Porque el egoísmo de las finales establece que uno se queda con la gloria y el otro sólo la mira de cerca. En este caso, fue Duendes el que se quedó con todos los aplausos y las mieles del éxito.

Pero hay más aristas para encasillar los resultados. Porque una final no termina de eclipsar un campeonato completo. Y en ese sentido, Jockey puede sacar un saldo positivo. Es que mostró un crecimiento importante que lo impulsó hasta el segundo puesto, con todo lo que eso significa.

Igual, ahora es el tiempo de Duendes. La historia se repitió.

La Capital